jueves, septiembre 02, 2004

En Monterrey no deja de llover desde ayer como a las 3:00PM, o al menos por mi rumbo a esa hora comenzó. Con la lluvia descubrí que tengo una gotera en la escalera de mi casa y que la coladera del patio se tapa con mucha facilidad por las hojas que caen del árbol del vecino (yo no tengo arbolitos), también me di cuenta que ya no me pongo triste como antes. Ayer me senté a un lado de la ventana mientras veía videos en Much Music, y después seguí leyendo un rato, apagué la luz y seguí ahí otro rato más escuchando como caía la lluvia y golpeaba la ventana, me recargue en la ventana y sentí el frío del vidrio en la mejilla, pensé que falta poco para que llegue el invierno, bueno no tan poco, pero menos que antes si (jajaja) Me sentí feliz de estar ahí sentada, relajada, pensando y recordando, sin sentir la necesidad de ninguna compañía ni extrañar nada, ni a nadie. Creo que comienzo a disfrutar de mi soledad una vez más, y eso me hace muy feliz.

Sola con mi soledad, una soledad que me acompaña, que me seduce, que me lleva por caminos de sensaciones y sentimientos, que me trae recuerdos pero no lágrimas, si muchas sonrisas. Una soledad que es mi cómplice de planes, sueños e ilusiones. Una soledad que no es negra, es negra azulada con algunos brillos de diamante y una mariposa que revolotea inquieta y feliz.

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